La aceptación de la muerte es celebrar la vida

Todos moriremos algún día, es inevitable, y sin embargo muchas veces no somos conscientes de nuestra propia trascendentalidad. El hecho de serlo de vez en cuando nos haría disfrutar más de la vida y nos haría recordar lo valioso que es vivir el día a día como si fuera el último y que así no estemos de manera física en este plano terrenal, seguiremos siendo vida en las mentes y corazones de las personas que nos quieren.

Cuando un ser querido nos deja, pasamos por un proceso de duelo, proceso que también se da en ámbitos laborales o en rupturas emocionales. Es muy común que en nuestra sociedad occidental, la relación con la muerte esté siempre en fase de negación: se oculta, no se habla del tema, nos incomoda, preferimos no pensar en eso… Sin embargo, hay que rescatar la importancia de ser conscientes de nuestra propia muerte; aceptarla, normalizarla y vivirla sin angustia: porque no se trata de temer a la muerte, sino de disfrutar de la vida, dejando a un lado las malas concepciones que se tienen sobre esta etapa, porque no es que nuestra vida termine, es sin más, la etapa final de nuestra presencia física en el mundo.

Muchas veces perdemos el tiempo o lo malgastamos como si tuviésemos tiempo infinito, postergamos temas que consideramos importantes a “mañana” o al “siguiente día” como si fuéramos a vivir para siempre, no cuidamos de nuestra salud, de nuestros afectos, ni de nuestras emociones, hasta que nos arrepentimos de no haberlo hecho antes cuando ya no queda tiempo, o nos acordamos cuando algo malo sucede.

Evidentemente morir antes de tiempo es una gran fatalidad. Por más de que queramos, no podemos preverlo ni controlarlo, sino aceptarlo y entender que sí esa persona partió “antes de tiempo” ha cumplido su propósito de vida en el mundo y ya era hora de que su alma trascendiera. No se trata de angustiarse por saber que moriremos, se trata de que esta consciencia nos haga aprovechar mejor del tiempo que tenemos y que esto nos sirva para apreciar más la vida

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